Un momento que ha sido de gran
importancia fue el día que aprendí a manejar. Recuerdo que fue en las
vacaciones de verano del año 2009. Yo estaba en mi casa casi durmiéndome por el
aburrimiento que tenía. Ya casi eran las doce de la tarde, cuando escuché que
estaban gritando mi nombre. Salí algo adormilado para ver quién era la persona
que estaba gritando, al abrir la puerta vi que era mi amigo “Rafa”. Me dijo que fuéramos a “Magdalena” (un cerro que está cerca de mi casa) para que me enseñara a
manejar. Yo un poco nervioso le dije que me esperara para ir a pedir las llaves
del automóvil.
Después de un buen rato de estar tratando de convencer a mi mamá para que me lo
prestara lo logré y nos fuimos inmediatamente.
Al llegar a lo más alto del cerro se bajó y dijo que era mi turno para
conducir. Con una sonrisa y la voz temerosa le dije que no estaba listo que me
daban miedo las curvas. Después de estar discutiendo unos minutos me convenció
y decidí hacerlo. Fue una experiencia que no puedo olvidar porque estaba lleno
de adrenalina y sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho.
Al principio fui muy despacio pero después de
unas horas me sentí con más confianza y al volver a bajar se me quitó por completo el miedo pero vi que
se lo había pasado a mi amigo ya que iba un poco rápido. Continué con mi práctica
hasta que llego el ocaso, me dijo que ya nos fuéramos antes que anocheciera.
Llegue a mi casa casi a las siete de la noche muy emocionado. Al entrar vi a mi
madre muy asustada y preocupada ya que me había tardado mucho y no sabía nada
de mí después de un rato y una serie de regaños, se logró tranquilizar y
comencé a platicarle a ella y a mi hermana mi emocionante día.
Aunque muchas personas no me
creen solo me basto ese día para aprender a manejar. Lamentablemente no podía hacerlo
ya que aún no tenía la edad para obtener mi permiso de conducir y me tuve que
esperar hasta el día de mi cumpleaños para poder obtenerlo y así volver a
conducir.
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