lunes, 24 de junio de 2013

Un accidente

Un accidente
Un día sábado en casa de mi abuelita, yo y mis primos hicimos unos “lanzadores de fichas” con los cuales pasamos todo el día jugando. Al llegar la noche, mi papá me dijo que era hora de irnos. Muy triste porque no quería dejar de jugar, le pregunté que si me daba permiso para pasar la noche en casa de mi abuèlita y que al día siguiente fuera por mí. Después de rogarle por casi media hora aceptó; pero dijo que pasaría en la tarde a recogerme.

Al día siguiente, mi tía nos dijo que nos llevaría a un parque que estaba cerca de la casa. Desayunamos muy rápido porque ya queríamos irnos. Después de una rato llegamos y enseguida nos subimos a una rueda que te hace girar muy rápido. Como nos mareamos decidimos ir a la cancha de futbol rápido. Como la cancha estaba hasta la orilla del parque, lo teníamos que rodear. Decidimos tomar un atajo. Solo que había un problema: teníamos que saltar unas cuantas rejas. Las primeras las pasé muy rápido, por lo tanto, les tomé ventaja a mis primos; al terminar de escalar la última quise correr pero sentí que alguien me estaba jalando el brazo. Al volverme vi que mi brazo estaba enganchado en una punta de la reja, inmediatamente vi que estaba bañado en sangre. Volví a trepar para así poder liberarme. Cuando lo logré, vi que mis primos estaban muy asustados y que mi tía corría hacia mí. Ella le dijo a mi primo mayor que se regresara a la casa con los demás, ya que ella, me iba a llevar al hospital. Al salir, nos encontramos a un conocido que se ofreció a llevarnos a la Cruz Roja. El camino se me hizo eterno pero al fin llegamos.


Como yo iba casi desmayándome, me pasaron a una camilla, me inyectaron, me limpiaron y me curaron. Después me llevaron a tomarme unas radiografías para ver si no me había lastimado el hueso. Por fortuna no fue así. Al regresar a la camilla me anestesiaron e inmediatamente empezaron a coserme. Cuando terminaron me dieron medicamento, dijeron que me pondría bien y era tiempo de irme a casa. Al salir, vi que me estaba esperando mi papá junto con unas tías. Me regañó un poco, pero después dijo que se alegraba de que estuviera bien. Fue un día que no olvidaré, ya que fue la primera vez que entré a un hospital, por lo que me dejó muchas experiencias. 

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