domingo, 30 de junio de 2013

cross 450

Febrero del año 2011. Este día no lo olvidaré ya que en este me compré una “Yamaha Cross 450” la motocicleta no era nueva, era del año 2008 pero estaba a mi gusto perfecta. En ella aprendí a manejar motocicleta ya que no sabía muy bien. Mi amigo Octavio fue el que me ayudó a hacerlo. Tarde un par de días aprender. En ellos me llevé varias caídas que me costaron muchos moretones y cicatrices, que hoy en día algunas de ellas aún no se me quitan. Casi siempre que me caía, no sé cómo le hacía pero hacía lo imposible para que no se raspara la moto. Creo que prefería rasparme yo a que se me raspara la moto. Cuando aprendí a dominarla, no me podía bajar, quería ir a todas partes en ella. Aunque fueran distancias cortas, quería sacarla. Parecía niño con juguete nuevo. Muchos amigos me pedían que se las prestara para que se dieran una vuelta, pero obviamente no quería prestársela a nadie. Me encantaba esa motocicleta me la llevaba  la escuela y a ver a mi novia en fin, me la llevaba a todas partes. En ella viví muchas experiencias muy emocionantes y llenas de adrenalina. Llevaba con ella casi dos años, pero después de entrar a la Universidad, la tuve que vender ya que no podía circular por el Distrito Federal, (por el tipo de normas que tiene la ley de tránsito), me era imposible traérmela a la Universidad. Decidí venderla a un amigo que desde que me la compré me hizo una oferta muy tentadora. En ese momento no quise hacerlo, pero ahora como ya no tenía tiempo de manejarla tomé la decisión de aceptar su oferta. Ahora estoy un poco triste, ya que fue mi primera moto y me fue muy difícil deshacerme de ella pero bueno, en este momento estoy pensando en comprarme una motocicleta “Deportiva 1100”. Espero juntar el dinero necesario para poder hacerlo lo más pronto posible, para así poderme ahorrar al menos una hora de camino.

lunes, 24 de junio de 2013

Un accidente

Un accidente
Un día sábado en casa de mi abuelita, yo y mis primos hicimos unos “lanzadores de fichas” con los cuales pasamos todo el día jugando. Al llegar la noche, mi papá me dijo que era hora de irnos. Muy triste porque no quería dejar de jugar, le pregunté que si me daba permiso para pasar la noche en casa de mi abuèlita y que al día siguiente fuera por mí. Después de rogarle por casi media hora aceptó; pero dijo que pasaría en la tarde a recogerme.

Al día siguiente, mi tía nos dijo que nos llevaría a un parque que estaba cerca de la casa. Desayunamos muy rápido porque ya queríamos irnos. Después de una rato llegamos y enseguida nos subimos a una rueda que te hace girar muy rápido. Como nos mareamos decidimos ir a la cancha de futbol rápido. Como la cancha estaba hasta la orilla del parque, lo teníamos que rodear. Decidimos tomar un atajo. Solo que había un problema: teníamos que saltar unas cuantas rejas. Las primeras las pasé muy rápido, por lo tanto, les tomé ventaja a mis primos; al terminar de escalar la última quise correr pero sentí que alguien me estaba jalando el brazo. Al volverme vi que mi brazo estaba enganchado en una punta de la reja, inmediatamente vi que estaba bañado en sangre. Volví a trepar para así poder liberarme. Cuando lo logré, vi que mis primos estaban muy asustados y que mi tía corría hacia mí. Ella le dijo a mi primo mayor que se regresara a la casa con los demás, ya que ella, me iba a llevar al hospital. Al salir, nos encontramos a un conocido que se ofreció a llevarnos a la Cruz Roja. El camino se me hizo eterno pero al fin llegamos.


Como yo iba casi desmayándome, me pasaron a una camilla, me inyectaron, me limpiaron y me curaron. Después me llevaron a tomarme unas radiografías para ver si no me había lastimado el hueso. Por fortuna no fue así. Al regresar a la camilla me anestesiaron e inmediatamente empezaron a coserme. Cuando terminaron me dieron medicamento, dijeron que me pondría bien y era tiempo de irme a casa. Al salir, vi que me estaba esperando mi papá junto con unas tías. Me regañó un poco, pero después dijo que se alegraba de que estuviera bien. Fue un día que no olvidaré, ya que fue la primera vez que entré a un hospital, por lo que me dejó muchas experiencias. 

domingo, 16 de junio de 2013

Mis amigos

Un momento que marcó el resto de mi vida es, sin duda, el día que salí de la preparatoria. Fue un lapso de vida que me dejó muchas experiencias tanto buenas como malas; ya que, cuando estaba en la secundaria tenía unas ideas muy distintas a las que ahora tengo. Recuerdo el primer día que entré. Todos me parecían muy raros y decidí no hablarle a nadie. Después de un par de días comenzaron a hablarme algunos compañeros; sin embargo, ellos en el primer semestre fueron una mala influencia para mí debido a que descuidé la parte académica y por lo tanto reprobé varias materias.
Al iniciar el segundo semestre (en la segunda semana de clases), me cambiaron al turno vespertino por mi mala conducta. Al principio me sentí muy triste, porque iba a dejar a mis amigos; pero, después dije que no me iba a afectar y que tenía que subir mí promedio ya que se lo había prometido a mi mamá. El primer día en el turno vespertino me empezaron a hablar algunos compañeros. Me hicieron sentir muy cómodo. Al día siguiente otros compañeros también se acercaron a platicar con nosotros, nunca me imaginé que después de un tiempo se convertirían en mis mejores amigos: Eduardo, Erick Octavio, Brandon,  Giovanni,  Alberto, etcétera.
Con ellos hice muchísimas travesuras que nos costaron varios regaños y horas en orientación. Me la pasaba realmente bien con todos; sin embargo, con los que mejor me lleve fue con Erick y Eduardo. Recuerdo que un día por un accidente casi quemamos  la cocina. En fin hicimos muchísimas cosas que nos dejaron varias horas de risa y grandes recuerdos.  Aunque ellos también parecían mala influencia, me hicieron madurar muchísimo ya que con ellos supe distinguir los momentos en los que era posible divertirnos y  la hora de  estudiar  para los exámenes o para realizar nuestras tareas.
Éramos casi inseparables tanto así que con ellos (Eduardo y Erick), realicé mi servicio social y prácticas profesionales. Como eran muchas horas las que teníamos que cumplir para que nos liberaran estos trámites, llegó un punto en el que ya no soportábamos  y de todo nos enojábamos. Ya cuando concluimos las horas necesaria, nos burlábamos de las tonterías por las que nos llegamos a enojar: nuestra amistad era demasiado fuerte. Fue una época muy importante para mi madurez.
Al principio, me dio tristeza cuando me cambiaron de turno. Ahora entiendo que “todo pasa por algo”. Al recordar todas esas experiencias agradezco que sucediera de esta forma. Si no me hubieran cambiado jamás hubiese conocido a mis mejores amigos.

domingo, 9 de junio de 2013

Una nueva lección

Un momento que ha sido de gran importancia fue el día que aprendí a manejar. Recuerdo que fue en las vacaciones de verano del año 2009. Yo estaba en mi casa casi durmiéndome por el aburrimiento que tenía. Ya casi eran las doce de la tarde, cuando escuché que estaban gritando mi nombre. Salí algo adormilado para ver quién era la persona que estaba gritando, al abrir la puerta vi que era mi amigo “Rafa”. Me dijo que fuéramos a “Magdalena” (un cerro que está  cerca de mi casa) para que me enseñara a manejar. Yo un poco nervioso le dije que me esperara para ir a pedir las llaves del automóvil.

Después de un buen rato de estar  tratando de convencer a mi mamá para que me lo prestara lo logré y nos fuimos inmediatamente.  Al llegar a lo más alto del cerro se bajó y dijo que era mi turno para conducir. Con una sonrisa y la voz temerosa le dije que no estaba listo que me daban miedo las curvas. Después de estar discutiendo unos minutos me convenció y decidí hacerlo. Fue una experiencia que no puedo olvidar porque estaba lleno de adrenalina y sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho.

 Al principio fui muy despacio pero después de unas horas me sentí con más confianza y al volver a bajar  se me quitó por completo el miedo pero vi que se lo había pasado a mi amigo ya que iba un poco rápido. Continué con mi práctica hasta que llego el ocaso, me dijo que ya nos fuéramos antes que anocheciera. Llegue a mi casa casi a las siete de la noche muy emocionado. Al entrar vi a mi madre muy asustada y preocupada ya que me había tardado mucho y no sabía nada de mí después de un rato y una serie de regaños, se logró tranquilizar y comencé a platicarle a ella y a mi hermana mi emocionante día.


Aunque muchas personas no me creen solo me basto ese día para aprender a manejar. Lamentablemente no podía hacerlo ya que aún no tenía la edad para obtener mi permiso de conducir y me tuve que esperar hasta el día de mi cumpleaños para poder obtenerlo y así volver a conducir.

domingo, 2 de junio de 2013

La llegada de un nuevo ser

Uno de los mejores días de mi vida fue cuando mi hermana menor nació el 24 de agosto de 2005.

Por casi 14 años yo había tenido el rol de hermano menor en mi familia y pensé que eso sería así siempre; sin embargo, mi mamá nos dio la noticia de su embarazo y aunque la noticia nos sorprendió al principio al paso de los días todos estábamos muy emocionados por recibir en nuestra familia un nuevo integrante.
Fue muy impresionante cómo al paso de los meses el vientre de mi madre iba creciendo, la primera vez que puse mi mano sobre este y el bebé se movió experimente uno de los momentos más extraños de mi vida ya que aunque yo no era un niño pequeño, era muy extraño experimentar el proceso de formación de una nueva vida.

Un día normal mis papás nos llevaron a mi hermana mayor y a mí a la escuela, mi mamá tenía una cita de rutina con su médico, así que nos despedimos de ellos y entramos a nuestras clases pero, cuando estábamos en el receso recibí una llamada de mi papá diciéndome que su bebé estaba a punto de nacer. Platique mucho con mi hermana mayor acerca de toda esta situación ya que yo no estaba muy conforme con dejar mi lugar a otro bebé, yo era el consentido y mi hermana era quien cuidaba de mí. Simplemente no quería que todo cambiara.

Tuvimos que esperar todo el día debido a que mi mamá y su bebé saldrían del hospital hasta el 25 de agosto, ese día es el cumpleaños de mi abuelito por lo que saliendo de la escuela fuimos a comprar un pastel para él, pero yo sabía que ya había recibido el mejor regalo de cumpleaños: mi mamá ya estaba en casa con su bebé.

Cuando llegué a la casa mamá estaba recostada en el mismo sillón que papá y justo en medio de ellos se encontraba lo que solo parecía una cobija amarilla doblada, pero no lo era ya que mi mamá movió una de las esquinas y por fin pude ver el rostro de mi nueva hermana. Al tenerla en mis brazos toda la confusión de los meses pasados se esfumó. Por fin podía ser el hermano mayor de alguien: cuidarla, protegerla, jugar con ella, ayudarle con sus problemas, simplemente era una oportunidad que la vida me daba para que yo pudiera significar en la vida de alguien todo lo que mi hermana mayor significaba para mí.

domingo, 26 de mayo de 2013

Mi mejor amiga

No recuerdo la fecha exacta, para ser sincero no sé ni cuándo pasó. Intento recordarlo pero es inútil. Fue, es y será muy importante el día en que mi hermana dejó de serlo y se convirtió en mi mejor amiga, desde ese día ha sido de mucho apoyo, ya que en cualquier situación: importante, difícil, alegre o triste, siempre he contado incondicionalmente con ella. Ya sea con un consejo, un regaño, un abrazo. En todo momento me ha hecho reflexionar y darle la importancia necesaria a las cosas.

Gracias a ella he podido superar varios obstáculos que me ha puesto enfrente la vida, son casi incontables las veces que me ha ayudado, sin embargo, unas destacan más que otras. La más importante -hasta ahora- ha sido apoyarme para entrar a la Universidad, creo que sin ella no lo habría logrado. Fueron varias horas que estuvo a mi lado hostigándome para que me pusiera a estudiar y bueno, dice el dicho: “sin sacrificio no hay recompensa”. El ver que era aspirante seleccionado, fue una de las experiencias más emocionantes y satisfactorias que tuve y obviamente mi hermana estuvo a lado mío.

Pero bien dicen que en la vida no todo es felicidad,  hoy paso el momento más triste de mi vida ya que ella se tuvo que ir de viaje por problemas de salud y no sé cuándo regresará. Es muy difícil separarte de una persona de la cual estas muy acostumbrado, no poder platicar con ella, pedirle un consejo, o simplemente reír por horas sin ningún sentido para olvidarnos de los problemas que día a día se tienen que superar y no hay nada mejor que estar con ella para hacerlo.  

Solo espero dos cosas: una es que el tiempo se pase más rápido de lo normal para poder estar de nuevo a lado suyo y así poder pasar más experiencias tanto buenas como malas. También espero su pronta recuperación para así ya no separarme de ella y vivir apoyándonos en los problemas que nos presente la vida.

Ahora solo me queda esperar para cuando vuelva poder recibirla con buenos resultados ya que no quiero decepcionarla. Lo único que deseo es que se sienta orgullosa, señalarle los obstáculos que he superado solo y así mismo demostrarle que su hermano ha aprendido bien las cosas que ella le enseñó a resolver.