domingo, 16 de junio de 2013

Mis amigos

Un momento que marcó el resto de mi vida es, sin duda, el día que salí de la preparatoria. Fue un lapso de vida que me dejó muchas experiencias tanto buenas como malas; ya que, cuando estaba en la secundaria tenía unas ideas muy distintas a las que ahora tengo. Recuerdo el primer día que entré. Todos me parecían muy raros y decidí no hablarle a nadie. Después de un par de días comenzaron a hablarme algunos compañeros; sin embargo, ellos en el primer semestre fueron una mala influencia para mí debido a que descuidé la parte académica y por lo tanto reprobé varias materias.
Al iniciar el segundo semestre (en la segunda semana de clases), me cambiaron al turno vespertino por mi mala conducta. Al principio me sentí muy triste, porque iba a dejar a mis amigos; pero, después dije que no me iba a afectar y que tenía que subir mí promedio ya que se lo había prometido a mi mamá. El primer día en el turno vespertino me empezaron a hablar algunos compañeros. Me hicieron sentir muy cómodo. Al día siguiente otros compañeros también se acercaron a platicar con nosotros, nunca me imaginé que después de un tiempo se convertirían en mis mejores amigos: Eduardo, Erick Octavio, Brandon,  Giovanni,  Alberto, etcétera.
Con ellos hice muchísimas travesuras que nos costaron varios regaños y horas en orientación. Me la pasaba realmente bien con todos; sin embargo, con los que mejor me lleve fue con Erick y Eduardo. Recuerdo que un día por un accidente casi quemamos  la cocina. En fin hicimos muchísimas cosas que nos dejaron varias horas de risa y grandes recuerdos.  Aunque ellos también parecían mala influencia, me hicieron madurar muchísimo ya que con ellos supe distinguir los momentos en los que era posible divertirnos y  la hora de  estudiar  para los exámenes o para realizar nuestras tareas.
Éramos casi inseparables tanto así que con ellos (Eduardo y Erick), realicé mi servicio social y prácticas profesionales. Como eran muchas horas las que teníamos que cumplir para que nos liberaran estos trámites, llegó un punto en el que ya no soportábamos  y de todo nos enojábamos. Ya cuando concluimos las horas necesaria, nos burlábamos de las tonterías por las que nos llegamos a enojar: nuestra amistad era demasiado fuerte. Fue una época muy importante para mi madurez.
Al principio, me dio tristeza cuando me cambiaron de turno. Ahora entiendo que “todo pasa por algo”. Al recordar todas esas experiencias agradezco que sucediera de esta forma. Si no me hubieran cambiado jamás hubiese conocido a mis mejores amigos.

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