Un momento que marcó
el resto de mi vida es, sin duda, el día que salí de la preparatoria. Fue un
lapso de vida que me dejó muchas experiencias tanto buenas como malas; ya que,
cuando estaba en la secundaria tenía unas ideas muy distintas a las que ahora
tengo. Recuerdo el primer día que entré. Todos me parecían muy raros y decidí
no hablarle a nadie. Después de un par de días comenzaron a hablarme algunos
compañeros; sin embargo, ellos en el primer semestre fueron una mala influencia
para mí debido a que descuidé la parte académica y por lo tanto reprobé varias
materias.
Al iniciar el segundo
semestre (en la segunda semana de clases), me cambiaron al turno vespertino por
mi mala conducta. Al principio me sentí muy triste, porque iba a dejar a mis
amigos; pero, después dije que no me iba a afectar y que tenía que subir mí
promedio ya que se lo había prometido a mi mamá. El primer día en el turno
vespertino me empezaron a hablar algunos compañeros. Me hicieron sentir muy
cómodo. Al día siguiente otros compañeros también se acercaron a platicar con
nosotros, nunca me imaginé que después de un tiempo se convertirían en mis
mejores amigos: Eduardo, Erick Octavio, Brandon, Giovanni, Alberto,
etcétera.
Con ellos hice
muchísimas travesuras que nos costaron varios regaños y horas en orientación. Me
la pasaba realmente bien con todos; sin embargo, con los que mejor me lleve fue
con Erick y Eduardo. Recuerdo que un día por un accidente casi quemamos
la cocina. En fin hicimos muchísimas cosas que nos dejaron varias horas
de risa y grandes recuerdos. Aunque
ellos también parecían mala influencia, me hicieron madurar muchísimo ya que
con ellos supe distinguir los momentos en los que era posible divertirnos y la hora de estudiar para los
exámenes o para realizar nuestras tareas.
Éramos casi inseparables
tanto así que con ellos (Eduardo y Erick), realicé mi servicio social y
prácticas profesionales. Como eran muchas horas las que teníamos que cumplir
para que nos liberaran estos trámites, llegó un punto en el que ya no soportábamos
y de todo nos enojábamos. Ya cuando concluimos
las horas necesaria, nos burlábamos de las tonterías por las que nos llegamos a
enojar: nuestra amistad era demasiado fuerte. Fue una época muy importante para
mi madurez.
Al principio, me dio
tristeza cuando me cambiaron de turno. Ahora entiendo que “todo pasa por algo”.
Al recordar todas esas experiencias agradezco que sucediera de esta forma. Si
no me hubieran cambiado jamás hubiese conocido a mis mejores amigos.
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